Esta etnografía se desarrolla en el parque La Carolina que fue el primer parque grande que se construyó en la parte norte de la ciudad donde antiguamente era la hacienda del mismo nombre, las avenidas que limitan con el parque son La Av. De los Shyris, Amazonas, Eloy Alfaro y Naciones Unidas. Considerado uno de los parques más grandes de Sudamérica y, dada su importancia, el Municipio de Quito, lo ha equipado con: canchas de básquet, canchas de fútbol, canchas de ecuavoley,  pista atlética, pista de bicicrós, laguna artificial con botes, jardín botánico, restaurante, baños, entre otras instalaciones. Históricamente este parque también ha sido escenario de conciertos musicales, de desfiles y paradas militares. La Carolina es uno de los parques donde conviven diferentes actividades sociales, culturales, y políticas y se ha constituido en muchos años en un sitio obligado para la recreación y el turismo, pero también es un espacio al cual las personas le dan diferentes connotaciones sociales, como es el caso de los aficionados al ecuavoley.

“Plata muerta no hay abierta”; “aquí se van los perros con toda hacienda”. “Casada y ganancia”; expresiones cotidianas del juego en relación a las apuestas que aquí se realizan

El ecuavoley es un deporte que está considerado por quienes lo practican  como una disciplina deportiva. Sin embargo para las instituciones deportivas, tanto nacionales como internacionales es un juego de recreación. Los parques, se han convertido por muchos años en sitios ideales para la práctica de este deporte.

En base a la observación se procedió a determinar algunos de los recursos sociolingüísticos de esta comunidad en particular de la que trataremos a continuación; así nos referiremos a la matriz de comunicación determinada por la totalidad de los roles comunicativos de la misma. Aspectos como las apuestas, los apodos, la vestimenta, las frases, las ventas, los árbitros, las posiciones, los puntos de encuentro, el ritual, el ecuavoley, son abordados en este informe.

El área de trabajo fueron las canchas destinadas al ecuavoley del parque La Carolina; también se realizó un pequeño croquis para mostrar la ubicación de las mismas y las que más afluencia de público y jugadores tenían para ese momento. En el caso de La Carolina, se eligió 4 canchas que tenían mayor afluencia durante la mañana y parte de la tarde del día domingo y son el sitio de mayor referencia del ecuavoley en los actuales momentos en el sector norte de la capital.

El Ministerio del Deporte reconoce al ecuavoley como un juego de recreación, Los aficionados han dispuesto no llamarlo ni “voley, ni ecuavoley”, lo llaman por su nombre de calle: “voly”.

En este juego no importa de qué clase social se viene, lo que importa es poder hacer ejercicio y exponer todo ese cúmulo cultural que se tiene, que se manifiesta en el uso del lenguaje de las gestualidades, de las proximidades entre uno y otro. En líneas generales el ecuavoley de La Carolina expone aspectos de la cotidianidad. El trabajo, el estudio, la política, la economía, los problemas, todo eso se juega a diario en estas canchas.

El ecuavóley en un solo día puede llegar a reunir a cientos de personas en los parques, en esta ocasión el día está frío, pero eso no impide la presencia de alrededor de 40 personas en torno a solo una de las canchas del parque, las miradas se centran en una pelota y seis personas. ¡Alza! Se escucha gritar a uno de los jugadores, mientras otro se eleva para enviar el balón y hacer un punto. ¡Que más quieres! termina expresando uno de ellos.

¡Vuelta bola! ¡Mala como la ñaña! ¡El que pierde paga bola! ¡Punto! No llore, juegue no más! ¡Sírvame a mí!. Son algunas frases que comprenden el vocabulario relacionado a este juego.

 

Visto como un deporte dentro de los parques, el juego se apropia de las conversaciones diarias de quienes lo practican y lo observan. Al no requerir de mucha inversión económica a excepción de quienes apuestan pero también hay la opción de hacerlos como ellos mismo dicen “por deporte” y no por negocio, tampoco requiere de un esfuerzo físico extremo, gracias a eso las edades que se mezclan al momento de armar los equipos varían entre los 25 y 65 años, es de fácil acceso para quienes quieren disfrutar de una tarde de deporte entre amigos y familia. Basta con pararse a un lado de la cancha con el diario de campo y un pequeño micrófono para inmediatamente ser abordado por uno de los jugadores que buscaba armar un equipo y apostar la cantidad de 20 dólares por cada jugador. Uno de ellos se dirige hacia mí ¿usted no quiere jugar? me dice; le explico que realizo un trabajo de campo para conocer la dinámica de este juego en el lugar; a lo que uno de ellos bromea diciendo ¡jugarán bien porque va a pasar por la radio!

 

En este juego no importa de qué clase social se viene, lo que importa es exponer todo ese cúmulo cultural que se tiene, que se manifiesta en el uso del lenguaje de las gestualidades, de las proximidades entre uno y otro. Los apodos son parte importante para identificar a un jugador. Es cómo su nueva partida de nacimiento, pero en este caso deportiva. “El Don Patita” como lo apoda a uno de los jugadores de avanzada edad que al parecer tiene una discapacidad en su pierna derecha, al jugar cojea un poco sin embargo esto no impide para que él pueda organizar el próximo partido, y hacer sus funciones de “Colocador” en la cancha es así como es el primero en sacar el dinero de su bolsillo y exhibirlo para estimular la apuesta entre los interesados. La magnitud que alcanza este deporte llega a tal punto que incluso es un medio de subsistencia. Muchas personas a diario obtienen ganancias económicas de este juego dentro y fuera de las canchas. Un aficionado que se encuentra observando al grupo de ocho personas que discuten en la cancha de ecuavoley por los 60 dólares dólares que no logran reunir tres jugadores para el partido de ese momento. Uno de ellos reclama que solo hay 40 dólares reunidos y que nadie más tiene “money” (dinero). AL parecer este domingo los apostadores y jugadores llegaron con poco dinero y con la ilusión de aumentar su capital.

Mientras ellos se ponen de acuerdo me acerco a una mujer de la tercera edad a quien observo es la persona que alquila el balón y la red para que se juegue en las canchas, me comenta que el valor es de 2 dólares por partido, quien además nos cuenta un poco de su historia: “Mi esposo trabajaba aquí por muchos años, pero se murió con el bicho, ahora quedé sola” me cuenta con tristeza mientras me pide que le vea sus pertenencias hasta volver inflando el balón. “Yo le noto bien, pero me dicen que falta aire, deme viendo un ratito hasta volver”, señala, y se aleja diciéndome: “ahora en el internet también enseñan a jugar, ahí es que vea”.

El público se impacienta porque no hay juego, Un anciano alza su vista hacia el cielo capitalino y unas gotas caen sobre su frente, mientras grita a los jugadores: “¡Déjense de tanto cuchicheo y jueguen con lo que hay, que la lluvia ya llega y ahí si… sin pan ni pedazo!”. Diez minutos después logran armar los equipos, entregan el dinero a una de las personas que están a un lado de la cancha aparentemente menor de edad con una mochila por un momento me fijo en el calzado que usan los jugadores y 5 de las 8 personas llevaban puesto zapatillas venus, al parecer es tradicional jugar este deporte con esta marca nacional -Los zapatillas de lona son más estable – no se tiene inconvenientes cuando se juega un partido- Comenta “El Gordito,” jugador infaltable del voly. Segundo Rodríguez uno de los tantos espectadores que concurre a mirar el voly del parque, manifiesta que si bien casi nadie se fija en el tipo de zapatos que llevan los jugadores, él ha podido notar que más utilizan los de la costa.

“Generalmente uno no está pendiente de esas cosas, pero la mayoría de los monos (Personas que provienen de la costa) juegan con zapatillas Venus. Supongo que se sienten muy cómodos jugando con esos zapatos. Aquí hay de todo tipo de zapatos, aunque si es cierto que la mayoría juega con ese calzado al menos aquí si lo es”.

Otro de los compañeros de Marco, José Mantuano. también utiliza Venus para jugar voly. Claro que las zapatillas de él no le han traído suerte como manifiesta

“Que suerte ni que nada. Las zapatillas no influyeron para que gane los 50 dólares, lo que pasa es que ese día jugamos contra un equipo de enfermos (sonríe)”.

Las zapatillas venus han formado parte de la historia del ecuavoley, recorren todas las canchas del país. Claro que la gente no se fija en qué tipo de zapatos utilizan los jugadores, pero la mayoría en su vida de deportista las ha utilizado. Las venus son zapatos que se adaptan al bolsillo de las personas y a las canchas sean de tierra o de cemento. Sean que causen o no mal olor, traigan suerte, o que sean económicas, las venus no pasan de moda.

Al fin empieza un emocionante partido los tres amigos consolidan, en voz baja, sobre una jugada estratégica que puede ser crucial para empezar ganando un partido de ecuavoley. El más bajo de estatura le dice a su compañero: “Gordo, si no la bates bien y no hacemos punto, pierdo todo el dinero que aposté. Vos sabes que es todo lo que tengo para la comida y los pasajes de mi semana. ¡Tú me respondes ese dinero! Ponte pilas gordito”. El tema de las apuestas es parte de este deporte. El dinero que se apuesta es un evaluador, casi agorero, de la calidad técnica o de enfrentamiento entre tríos en un partido. Por ello, no es raro ver todos los días La Carolina a los jugadores y espectadores que entablan acaloradas discusiones para determinar el monto total de la apuesta para la contienda. “La apuesta siempre ha existido en el deporte, no solo es cosa del ecuavoley” Angel Guaman, oriundo de Colta en la provincia de Chimborazo, considera que: “En esto del ecuavoley la apuesta es importante, porque determina el nivel del juego que se va a disfrutar. Si solo se jugaría por hacer deporte, estoy seguro que no sería tan conocido este juego en el parque. La verdad es que desde mis tiempos, en el siglo pasado, existían las apuestas. Claro que habían jugadores más vivos que estos, pero no es cosa novedosa lo de apostar por jugar”.

Xavier Gutiérrez, jugador de ecuavoley, oriundo de Guanujo en la provincia de Bolívar, quien vive 10 años en Quito y juega comúnmente en canchas del sur de la ciudad, hoy vino hasta La Carolina para “probar suerte”, piensa que las apuesta son necesarias para este juego.

“No puedo afirmar ni negar que un buen partido de voly sea influenciado por una buena apuesta. Lo cierto de este juego, es que con el pasar de los años se va convirtiendo en un medio de subsistencia de muchas personas.” ¡Tranquilos, tranquilos que llegó mi plata! Dice Carlos Cedeño acercándose a un amigo que acaba de llegar. ¡Bro, préstese 20 dólares que yo más luego le devuelvo y hasta con intereses le doy! El hombre un poco desconfiado le responde que está ajustado y que si le presta, espera no perder su dinero. “Tranquilo hermano, usted ya sabe que conmigo más gana que pierde” “El costeño”, como lo identifican a Carlos, es uno de los jugadores más conocidos en La Carolina y, en cada partido asienta su apuesta según el nivel de juego del rival de turno.

 Continúa la contienda. Primera batida, el balón cae tan rápido que el volador se engaña pensando que va a caer fuera de la línea reglamentaria. Punto para el equipo contrario. El Costeño ya ha jugado antes con los mismos rivales, les ha ganado y le han ganado.

Al final, después de hora y media, en el tercer periodo de quince puntos, “el costeño” se lleva la victoria. Su amigo recupera los veinte dólares que prestó, más 10 que le da Carlos por haberle ayudado a completar la apuesta. “Así es esto, hay días en los que uno se levanta con la bendición de Dios y otros en los que no le sale ni una, ni así esté con el más bueno de los jugadores.”

Se lamenta Eduardo, “el don patita”, quien acaba de perder sesenta dólares en unos cuantos minutos jugando contra “el costeño”. “Vamos la revancha mañana; doble o nada” le reta “el don patita” al “costeño”. “Vamos, dice Zambrano, no más que vendrán haciéndose una limpia para que no pierdan como hoy”, replica.

En otra cancha, de La Carolina, “el gringo” Cristóbal Ramírez se prepara para batir y obtener el punto que necesita su equipo para forzar el partido a un tercer juego de 15 puntos. Bate el balón con su mano izquierda, con tal precisión que pasa muy cerca de la red y cae en un espacio vacío que debía cubrir el volador del equipo contrario y no atina a sacar la bola. Punto para el equipo de Ramírez. Su compañero, “la liebre”, como le apoda Cristóbal, sonríe sarcásticamente haciendo gala de las habilidades de sus colegas. “La liebre” mide casi un metro sesenta, es el capitán de su grupo y el más chaparro del trío. Han pasado quince minutos desde que inició el certamen deportivo. Resultado: “la liebre” y el “gringo” están abatidos, perdieron. “Mierda, te dije gringo que si perdía este partido tú te hacías cargo de mi plata. ¿Y ahora como me regreso a mi casa? Ni siquiera me quedó para el pan con agua”. Ramírez, con la mano tapándose la nariz intenta consolar: “Hermano la plata va y viene… en otra nos recuperamos.”

El ecuavoley es un deporte, pero últimamente con las apuestas se está convirtiendo más en un negocio. Es la conclusión a la que llega Marco Tello, quien hace de árbitro en el parque La Carolina: “En los partidos hay mucha corrupción, amarres, serruchos, porque se hacen del otro equipo para ganar más dinero. La apuesta asegura un buen partido, pero en cambio llega a perjudicar a mucha gente que apuesta todo el dinero que trae en sus bolsillos. Imagínese traer diez o veinte dólares, que guarda uno para la semana, y por la tención del Diablo, ¡Zas! acaba perdiendo eso en una hora o minutos, ¿quién le presta?, ¿quién le salva? Sí ahora la gente anda siempre con las justas.” Le pregunto si gana dinero como juez del partido a lo que me responde con una sonrisa: ¡Aquí se cobra por todo, hasta por el aire! Me comenta que hoy cobrará tan solo 8 dólares por dirigir este partido.

Alega Omar Flores joven quiteño de 25 años, las apuestas no son del todo malas. “Yo no le veo como algo malo apostar; aquí lo que preocupa es cuando hay mañas. Cuando los jugadores se hacen los que no saben jugar, solo para perjudicar al rival, para ganar más dinero, eso sí me parece deshonesto.” A pesar de los criterios a favor o en contra de las apuestas hay que ser claros que algunas personas viven de eso. En este deporte las cantidades de dinero, como relatan sus actores, van de acuerdo al lugar donde se esté jugando. Por ejemplo; En el parque La Carolina en un solo partido ha habido apuestas de mil dólares. En estas circunstancias si alguien aposto cien, es claro que recibirá el monto de su apuesta y cien dólares más, y si pierde corre el riesgo de quedarse sin plata, esto constituye una afectación con visos de desgracia puesto que el dinero jugado compromete el financiamiento del gasto familiar.

El ecuavoley con el tiempo lo están practicando también las mujeres. Es un deporte para la distracción familiar.

Hay quienes insisten en probar suerte y recurren al “chulquero”, personaje siniestro que hace préstamos con generosos intereses y en condiciones ilegales, pero en esta ocasión el ambiente se manifiesta tranquilo, las pasiones no están muy encendidas y en parte es por el clima frío que ahuyenta a los visitantes, se cuenta con lo suficiente por parte de los apostadores pero se valora cada centavo.

No siempre se corre con suerte, y eso lo saben los apostadores. A pesar de en ocasiones conocer bien a los jugadores algunas personas pueden correr el riego de ser engañados. Los jugadores mañosos se dejan ganar, para obtener parte de la ganancia de lo apostado. Este tipo de acción engañosa es definida por asistentes y jugadores como: “serruchar” o “amarrar un partido”.

El mundo de las apuestas en el ecuavoley involucra a oficinistas, vendedores/as, jóvenes, ancianos, familiares, amigos e incluso policías. No importa la cuantía, lo que importa es saber apostar al mejor y, el mejor no siempre gana, el riesgo de que un jugador de un equipo ya se haya entendido económicamente con los contrarios, es incierto.

Son las cuatro de la tarde, empieza a llover en la capital de los ecuatorianos. Las docenas de mirones, jugadores y apostadores corren en busca de refugio, los aguaceros en Quito a veces son torrenciales. Algunos jugadores se van preocupados por el dinero perdido, otro se despide mirando las pocas monedas que le permitirán pagar al menos el pasaje del bus. Los ganadores se van muy contentos y hasta bromeando entre ellos, al final acceden a tomarse una fotografía y uno de ellos menciona ¡Eso han de ver en Estados Unidos y han de decir ahí está uno de los más buscados!

De esta manera el pueblo construye historias que guardan relación con los hechos y la ilusión que animan las conversaciones y procuran la fantasía cotidiana de Quito.

Conclusiones:

Hace falta una organización que unifique todas las asociaciones de ecuavoley que existen en el país. Con la unificación de todas las asociaciones, se lograría una propuesta de proyecto, para que el voley ante las instituciones deportivas del país sea reconocido un deporte nacional.

El ecuavoley es un medio de subsistencia. Hay personas que optan vivir de este deporte, sea por vicio o por qué no cuentan con un trabajo estable que les permita llevar el pan de cada día a sus casas.

Otro punto a tomar en cuenta, es la gente vive de las ventas en las canchas de ecuavoley. Son personas que ven en este deporte una manera de ganarse plata. Los dueños de locales de comida, ventas ambulantes, dependen mucho de la afluencia del público a los partidos para ofrecer sus productos.

Hace falta más divulgación de información sobre el voley. Si bien la prensa le da cobertura a ciertos eventos que giran en torno al juego, no es suficiente. Todavía se desconocen aspectos cómo: la historia, la migración de este juego fuera del país entre otros.

 

Jugadores de voly posan para a foto luego de finalizar un partido. Es un juego que rivaliza con el fútbol, genera expectativa y arrastra mucha fanaticada.

Por otro lado no existe mucha información académica del voley, considerando que es un fenómeno social que arrastra mucho público. Los pocos textos que reposan en bibliotecas o páginas web, repiten muchas cosas que ya se conocen en un solo texto.

Apropiación del juego como identidad de los ecuatorianos. En las canchas está claro que es un deporte nacido en Ecuador. Sin embargo todavía no se evidencia una apropiación de identidad ecuatoriana. Tan solo por citar el nombre mismo de este juego tiene muchos nombres. Algunos le llaman “voley”, otros “voly” y pocos le dicen “ecuavoley”. Muchas personas no conocen ni cuándo ni dónde apareció el voley. Ni tampoco que la palabra ecuavoley surgió de la unión del prefijó “ecua” que según cuentan algunos textos, fue el Master Jorge Carrera Chinga quién le puso el nombre “ecuavoley” y quien reside en Quito.

Los parques entonces se convierten en escenarios de encuentro y construcción de relaciones comerciales, afectivas y económicas. El público se ha encargado de determinar, el lugar donde se
juega el mejor voley en la ciudad. En los relatos recopilados, unos consideran que del El Ejido siempre han salido buenos jugadores, mientras que otros consideran que es en La Carolina donde actualmente juegan los mejores deportistas.

El ecuavoley un deporte que une generaciones, es un deporte vinculante y familiar, motivo por el cual es uno de los juegos más saludables que procura también espectáculo.

Algunas de las postales del parque La Carolina en una tarde de lluvia con un balón de voley rebotando sobre el espejo del charco, al fondo el edificio Qorner.
Entorno al ecuavoley se mueve la economía de pequeños negocios. Es un juego que atrae inversiones sobre todo en la venta de comidas y otros productos. Ecuatorianos y venezolanos se dedican a esta actividad.