La presente descripción es un extracto de un trabajo de observación llevado a cabo durante mi programa de maestría en Comunicación y Opinión Pública. Este escrito junto con las fotografías y apuntes relevantes fue evaluado por un profesor de la materia  correspondiente en la academia y se completó un año antes de  inauguración del Metro de Quito. Lo comparto con ustedes como parte de mi esfuerzo por dar visibilidad a algunos de los trabajos que he realizado y que no deseo que queden olvidados en el vasto archivo de datos. Volveré pronto para ver si las cosas están mejorando con la nueva administración municipal y actualizar esta publicación. Es relevante destacar que la creación de este contenido se benefició del uso de inteligencia artificial.

La Ronda es el nombre con el que se conoce a un barrio emblemático de la ciudad de Quito que comprende la calle Morales, Venezuela, Guayaquil y Maldonado, entre los puentes de La Paz y Juan de Dios Morales, en el casco Colonial. Era el paso obligado para todos los que llegaban desde el sur del país hacia la capital, une a la Avenida 24 de Mayo con el sector de El Cumandá, donde se erigía el antiguo terminal de autobuses interprovinciales.

La historia narra que fue cuna de pintores, escritores y poetas de los años 30; fue en las casas de esta estrecha calle en donde se escribieron canciones y pasillos, estas calles habrían albergado a políticos, románticos y bohemios.

Se cree que su nombre original fue la de El Chaquiñán, término que ahora se lo traduce como camino o sendero. Se presume que esta pequeña calle ya se encontró establecida y trazada hacia 1480, cuando los Incas llegaron por primera vez a Quito. Históricamente la conformación de este barrio se ubica entre los siglos XVIII y XIX.

A la llegada de los españoles pasó a llamarse Ullaguangayacu o quebrada de gallinazos, y ya en la colonia adopta el nombre con el que se le conoce hasta hoy, en alusión a las rondas nocturnas españolas.

En este barrio habitan alrededor de 50 personas. De sus 36 casas registradas en los inventarios municipales, o lo que queda de ellas, un tercio serían coloniales.

A partir del año 2005, el barrio La Ronda fue intervenido a través de un proyecto implementado por la instancia encargada de la ejecución de la política patrimonial en el centro histórico de Quito: el Fondo de Salvamento del Patrimonio de Quito (FONSAL) al que luego lo sustituyó una instancia municipal llamada Instituto Metropolitano de Patrimonio Cultural.

A lo largo de los tiempos, este lugar ha sido notorio por su alto tránsito, lo que ha contribuido lamentablemente a la degradación de las viviendas. La presencia constante de delincuentes, indigentes, trabajadoras sexuales, vendedores ambulantes y otros individuos considerados «indeseables» ha tejido una narrativa perjudicial que ha estigmatizado la zona como peligrosa, en gran parte debido al descuido por parte de las autoridades.

Vista de la calle La Ronda desde la entrada por el lado de plaza 24 de mayo, al ingreso al túnel y sobre un basurero hay una placa con la siguiente leyenda: “Calle la ronda, la eternidad es tuya, los siglos no rebasan tus límites austeros de la calleja escondida, generaciones llegan, generaciones pasan y eres como una vía láctea, sobre la vida”.

La Ronda fue hace más de doscientos años el sector más exclusivo de la capital, para luego pasar a ser uno de los puntos más críticos de la ciudad, pues debido a su céntrica ubicación fue el lugar predilecto para el desarrollo del hampa en el siglo XX.

A partir del año 2008, el proyecto institucional empieza a ser objeto de crítica por parte de la organización barrial, los habitantes planteaban por primera vez la noción de que vivir en La Ronda era cada vez más difícil, como si se tratase de “vivir en una cantina”, puesto que, si antes había ocho bares, en ese entonces aumentaron a más de cincuenta locales dedicados a la oferta turística de diversión nocturna.

La Plaza Santo Domingo está justo frente a la iglesia y monasterio del mismo nombre. Es un buen sitio desde el que abordar La Ronda.

En mi caso para llegar he tomado el transporte público utilizando el Sistema Integrado del Trolebús, he procedido a bajarme en la parada más cercana llamada Cumandá. En un lado de las gradas que conducen al lugar están recostadas tres personas aparentemente en estado etílico o bajo efectos de alguna sustancia, lo que hace que me ponga en alerta. Tengo la impresión de que es un lugar antiguo con mucha historia al ver su calle de piedra y el primer túnel bajo el puente que tengo que cruzar, son algunas fachadas de piedra que se visualizan al empezar el trayecto.

Croquis: Barrio La Ronda, calle principal; Juan de Dios Morales.

A unos cuantos pasos, una señora desde la puerta de su negocio mira expectante a los que van llegando y a su lado sobre una mesa se muestra una empanada gigante ¿cómo habría hecho esa empanada tan grande? fue lo primero que me pregunte antes de saber que, muchas de esas eran impresiones realizadas en 3D por los comerciantes del lugar que las usaban para llamar la atención del turista.

De repente logro notar al fondo más personas que aparecen hasta la mitad de la calle, ellos son vendedores y vendedoras de los locales que aquí funcionan, al escuchar sus voces tengo la impresión de que la mayoría son venezolanos y talvez unos pocos colombianos, también veo a unas señoras y algunos niños que serían ecuatorianos.

Por las publicaciones en redes sociales que había visto con anterioridad, pensé que se trataba de un lugar más grande pero en realidad es una calle muy angosta con un tramo relativamente corto, en donde al pasar me da la sensación de sentirme “acosado” por los enganchadores de estos locales que no me dejan disfrutar del trayecto y en todo momento están hablándome de lo que ofrecen; ¡canelazo gratis!, grita una señorita, ¡discoteca v.i.p! me dice otro; ¡anímese a los vinos hervidos!, se escucha al fondo.

Las casas tienen fachadas antiguas de piedra y sus balcones metálicos vienen decorados con flores, los nombres de los locales llevan todos un mismo tipo de letreros hechos sobre fierro, lo que le da cierta uniformidad pero aparte existen más anuncios promocionando las comidas y bebidas tradicionales del lugar, en uno de esos balcones se mira a una pareja tomando una cerveza y de fondo la cúpula de la iglesia de Santo Domingo, en efecto la mayor parte de los negocios, es decir un 90 % son bares y discotecas que lo conforman desde pequeños espacios hasta casas completas incluyendo el patio, aún la tarde está cayendo y están sin mayor afluencia de libadores o grupos de amigos que quieran bailar y divertirse, el restante 10% lo comprenden hoteles, tiendas de souvenirs, heladerías, restaurantes y un pequeño museo casi sobre el final de la calle.

La música que suena a volumen muy alto en la calle al parecer proviene de la mayoría de estos sitios, se escucha vallenato, salsa, cumbia, reggaetón. Me da la impresión de que el lugar está un poco abandonado por las autoridades, pues debería haber más actividades culturales. También tengo la sensación de que no es un lugar muy seguro pues al final de la calle y a través de los callejones hay gente que observa en actitud sospechosa a los que entran y salen del lugar.

Representación de el cucurucho o encapuchado cubierto con un traje morado, se trata es un cargador de cruces, que aparece por estas fechas en las procesiones de Semana Santa en esta tradicional calle quiteña.

Un carro de gas en media vía distribuye los tanques a los diferentes restaurantes del sector. Estos son algunos nombres que logre visualizar: cuchara de palo, el candil de la ronda, la antorcha colonial, la casona de la ronda. Sobre el final de la calle existe un baño público y subiendo las gradas al final está la plaza 24 de mayo. Es lugar de paso de grupos de amigos, pareja o familias, la mayoría se sacan “selfies” con el tramo angosto de la calle como fondo, turistas nacionales y extranjeros se entremezclan en la tradicional calle.

Dos motos de policía transitan, se detienen en una oficina que se llamada Policía de Turismo. Una persona de la tercera edad vende las palmas para la bendición del domingo de ramos a un dólar, le pregunto si es seguro estar aquí, menciona que a esa hora sí, pero que a partir de las diez de la noche se vuelve peligroso, y me recomienda seguir por la plaza 24 de mayo a mano derecha la calle García Moreno hasta el palacio presidencial para completar el paseo, sin embargo, decido quedarme otro rato y volver hasta la intersección con la calle Guayaquil para observar un poco más el barrio.

Una persona personificando a un mimo sube por la calle, al parecer se dirige a trabajar en algún lugar, al fondo casas antiguas coloniales y en la cima La virgen de El Panecillo.

Desde la calle intermedia por donde se sube hasta la plaza de santo domingo se ve la imagen de la Virgen de El Panecillo, estoy a los pies de la loma. Una señora con su mascota camina, otra sube en una moto eléctrica la calle transversal muy despacio. De pronto más turistas empiezan a llegar, me da la impresión de que vienen buscando un espacio más cultural pero lo que terminan es algo decepcionados como yo al encontrarme con una zona de bares y discotecas en una calle con casas coloniales, ellos se mezclan con los habitantes que cruzan por la calle principal y se dirigen con la mirada hacia el fondo donde empieza la loma en su paso hay una gran cantidad de edificios antiguos que forman parte de un increíble paisaje vintage; la mayoría de vecinos llevan sus compras, subiendo esta calle hacia el otro lado se llega directamente a la Plaza de Santo Domingo; a pocos pasos en la esquina se observa a un auto rojo que detiene su marcha y recoge al parecer a una de las mujeres que ofrece servicios sexuales.

A pocos pasos mientras voy saliendo del sector se ve a un patrullero estacionado, uno de los policías sube a una joven señora con sus dos hijos, no estaban siendo detenidas, se veía que se iban con ellos, otro movió el cono que obstaculiza la calle convirtiéndola en peatonal y se fueron, yo a la par subí hasta la plaza para volver en Trolebús luego de haber realizado esta observación, la cual considero hubiera salido mejor si se realizaba entre las diez de la noche y las dos de la madrugada por la connotación del sitio. 

El proyecto de recuperación del barrio no ha resuelto en su totalidad esta problemática de la peligrosidad que se expande más allá de las fronteras del lugar resguardado, más aún cuando según datos referenciales desde al año 2011 los dueños de los locales se disputaban el liderazgo de la organización barrial, convirtiéndose en los nuevos representantes de un “barrio” mercantilizado, en proceso de privatización. El sitio notablemente necesita más atractivos culturales que den al turista una mejor información de su historia con actividades integradoras, para que la familia también pueda asistir, por ahora se observa que predominan bares y discotecas en una zona donde si bien es cierto su antigüedad destaca con su encanto y ahora es posible visitarla más de cerca, La Ronda aún se muestra peligrosa y desafiante.

Observo desde afuera la recreación de una peluquería antigua, donde lo que más llama la atención es un maniquí que representa al peluquero; con una peinilla en la una mano y la tijera en la otra, una peinadora con las colonias tradicionales y la espuma de afeitar con la brocha; los posters antiguos de los diarios de ese entonces, el lugar para poner el abrigo, el sombrero y el espejo además un letrero que dice: La Francesa.
En un museo ubicado en la calle La Ronda se pueden conocer las actividades a las cuales se dedicaron desde que se fundó la Villa de San Francisco de Quito.
¡Descubre la magia de La Ronda, el corazón histórico de Quito! 🏰 Calles empedradas, fachadas coloridas y un ambiente bohemio te esperan en este tradicional barrio, donde cada rincón cuenta una historia única. Desde artesanías hasta música en vivo, sumérgete en la autenticidad de Ecuador. ¡Ven y déjate llevar por el encanto de La Ronda! ✨🎶 #ExploraQuito #LaRonda #ExperienciaUnica
La magia de La Ronda se despliega cuando el sol se oculta en el horizonte. Te sugerimos visitar este encantador rincón cualquier tarde de jueves a domingo y recorrer sus calles de arriba a abajo hasta la caída de la noche. Sumérgete en la experiencia única de escuchar música tradicional en vivo que fluye de los diversos bares, restaurantes y tabernas que llenan de vida este pintoresco lugar.

¡Gracias por haber llegado hasta aquí, y leer mi artículo, espero que me sigas para más blogs! Un abrazo.